Superpippo

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No tiene buena derecha, es cierto, pero si es por eso tampoco su zurdazo es potente o preciso. Hizo montones de goles de cabeza, verdad, pero no tiene el cabezazo imperioso de un Oliver Bierhoff o la precisión en el “segundo piso de la cancha” que sabe exhibir un Amaurí, por ejemplo. Podría decirse que es rápido y ágil, pero hay muchísimos delanteros más veloces que él, así como seguramente la potencia no es una característica que pueda distunguirlo del resto.

En suma, no tiene nada de especial, pero logra ser especial: estamos hablando de Filippo Inzaghi, para los amigos Pippo y para los hinchas Superpippo, un goleador de aquellos, una verdadera ave de rapiña de las áreas. Quizás su mayor calidad sea la buena suerte: como suele decir, con su típica ironía, Carlo Ancelotti, “no es que Pippo Inzaghi esté enamorado del gol, es el gol que está enamorado de él”. Y la pelota, de rebote o simplemente con un roce fugaz, como fue en ocasión del primer gol en la final de Champions de 2007 en Atenas, ante Liverpool, quiere tocarlo aún que sea un poquito, antes de meterse al fondo de la red.

Pero la suerte, en muchos casos, también puede llamarse destino. Inzaghi descubrió cuál iba a ser el suyo bastante pronto: anotó el primer gol de su carrera oficial a los 19 años, jugando con la camiseta del Leffe en Serie C1. Tres años después llegó, vistiendo los colores de Parma, su primer gol en la máxima categoría y, luego de dos temporadas más, llegó la gran satisfacción de ser el máximo anotador del torneo de Serie A, 24 tantos al centro de la delantera de Atalanta.

Así se ganó el acceso al fútbol más importante: antes Juventus, con un Scudetto, una final de Champions perdida ante Real Madrid y también un segundo puesto en la Eurocopa 2000 con la Selección Azzurra. Luego llegó Milan, con el que Pippo se sacó los gustos que le faltaban: dos Champions League, dos Supercopas europeas, un título de campéon del Mundo por club y otro con la Azzura, en Alemania 2006.

Para cerrar este rápido panorama, un poco de números: con los dos goles anotados en el primer partido de Champions de la temporada, en Marsella, Inzaghi suma 68 tantos en competiciones europeas, a una sóla unidad del récord de otro inolvidable, el alemán Gerdi Müller. En la Champions, en la pelea por el título de máximo anotador está detrás de otros tres que siguen en actividad, es decir Raúl, Shevchenko y Van Nistelrooy, pero nadie entre ellos puede exhibir la marca increíble de Superpippo, quien anotó en todas las competiciones internacionales por clubes y por selección y, además, anotó goles en las finales ganadas de Champions League, Supercopa Europea e Intercontinental, a nivel de clubes, y en las fases finales de Mundial (campeón) y Eurocopa (subcampeón) con la selección, único al mundo en hacerlo.

Pocos saben como nace eso del apodo Superpippo. Bueno, hay un personaje de Walt Disney, Gufy, el perro amigo de Mickey, que en castellano es llamado Tribilín y en italiano es Pippo: en alguna historietas, cuando este curioso personaje se come un maní especial que esconde en el sombrerito, se transforma en un superhéroe llamado Superpippo.

Un superhéroe improbable, claro, torpe y sin las calidades de los demás“colegas”: por eso el sobrenombre de Inzaghi, que las hinchadas le endosaron justamente en honor de ese personaje tan querido de su infancia, me parece particularmente logrado y, más allá de cualquier otro tipo de consideración, perfecto para un personaje que, sin poseer ninguna de las calidades de un gran delantero, pero teniendo una enorme voluntad de sobresalir y una simpatía que lo vuelve agradable hasta a los apasionados de equipos rivales, se volvió el icono del goleador moderno.

Los hinchas rossoneri lo aman, claro: ¿cómo no quererlo? ¿Milan viene en crisis, cacheteado por Inter y hasta en problemas en casa de Livorno? Bueno, él aparece en Marsella, anota el primer gol de la nueva edición de la Champions y, puesto que eso no alcanza para garantizar el triunfo de su equipo, se manda un doblete que prenota la clasificación a octavos de finales para el club rossonero y, a no dudarlo, también tendrá un valor enorme desde el costado anímico del equipo.

Un rápido cálculo nos recuerda, puesto que nació el 9 de agosto de 1973, que hace poco cumplió los 36 años. ¿Hásta cuando seguirá luciendo esta increíble gana de jugar y asombrar? Superpippo responde con una sonrisa: “Hasta que siga divirtiéndome”. Es decir, hasta que pueda seguir coqueteando con su enamorada, el gol. Preparense: me parece que tenemos Inzaghi para rato.

Fuente: Vito de Palma – Espn Deportes

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